Muere Martha Lillard, la última estadounidense en un pulmón de acero, sin poder reparar su máquina

La superviviente de polio de 78 años falleció el 26 de junio de 2026 en Shawnee, Oklahoma. Llevaba 73 años dependiendo del respirador de los años 40; su hermana Cindy McVey dijo que no encontraron a nadie que pudiera arreglarlo. Causas: insuficiencia pulmonar crónica y síndrome postpolio.

Martha Lillard descansa en su pulmón de acero en Shawnee, Oklahoma, el 6 de febrero de 2026 — foto de Cindy McVey vía AP
Martha Lillard en su pulmón de acero en febrero de 2026. Tras la muerte de Paul Alexander en 2024, fue la última persona en EE. UU. que dependía del aparato. Fuente: Cindy McVey vía Associated Press

Un mensaje de AF Post en X reavivó esta semana la historia de Martha Ann Lillard: la última superviviente de polio en Estados Unidos que dependía de un pulmón de acero (iron lung). Las agencias Associated Press y KFOR confirman que murió el 26 de junio de 2026 en Shawnee, Oklahoma, a los 78 años. Semanas antes había pedido ayuda pública para reparar la máquina que la mantenía viva desde los cinco.

Vídeo: «The Last Iron Lung» — entrevista final de KFOR

Martha Lillard abrió su hogar en Shawnee tres semanas antes de morir para pedir ayuda con las reparaciones de su pulmón de acero. Fuente: YouTube — KFOR Oklahoma's News 4

«Ya no hace falta»: el final de una era

Su hermana Cindy McVey contó a la AP que Martha falleció por las secuelas del COVID-19 de larga duración. El certificado de defunción cita insuficiencia pulmonar crónica y síndrome postpolio. Martha escribió su propio obituario —donde mencionó el COVID prolongado— y McVey añadió después la fecha exacta del fallecimiento.

En los últimos años, madre e hija buscaron desesperadamente a alguien capaz de reparar el respirador, uno de varios que Martha usó a lo largo de la vida. «Pero como era la última, ya no lo necesitamos», dijo McVey entre lágrimas a la AP. El tuit viral de AF Post resume esa angustia: murió sin encontrar a quien arreglara la máquina.

Martha Ann Lillard en su hogar de Shawnee, Oklahoma, en una imagen de KFOR tomada semanas antes de su muerte
Tres semanas antes de morir, Lillard abrió su casa a Ali Meyer de KFOR para pedir ayuda con las reparaciones del iron lung. Fuente: KFOR — Oklahoma woman, the last American in an iron lung, dies at 78

1953: polio en su quinto cumpleaños

Martha contrajo polio en 1953, el mismo año en que alcanzó los cinco años — dos años antes de que la vacuna de Jonas Salk se declarara segura y eficaz. «Me desperté, hacía sol, intenté sentarme y el cuello me mataba», recordó a KFOR en la entrevista previa a su muerte. «No podía respirar. No podía mover brazos ni piernas. Estaba paralizada por completo.»

Pasó seis meses en el hospital. El pulmón de acero —un cilindro metálico con fuelles que alternan la presión para forzar la entrada y salida de aire en los pulmones— le salvó la vida. Al principio vivió casi todo el día dentro; con el tiempo aprendió a caminar de nuevo, aunque el brazo derecho quedó paralizado. Su abuelo modificó el tanque para que pudiera abrir la escotilla desde dentro.

Fue a la escuela primaria dos horas al día y el resto con tutor. En el instituto de Shawnee participó por teléfono, con un intercomunicador en las aulas. Llegó a conducir y a viajar en familia; su padre llamaba a los hoteles para comprobar si las puertas eran lo bastante anchas para el respirador.

Por qué rechazó los ventiladores modernos

Aunque existen respiradores más pequeños —presión positiva, mascarillas, sistemas portátiles—, Martha insistió durante décadas en que el iron lung era «el más eficiente, el mejor y el más cómodo», según dijo en el episodio «My Iron Lung» de Radio Diaries (NPR, 2021).

«A veces, cuando entro, digo: "Gracias". Es maravilloso. Es lo que me ha mantenido aquí.»

— Martha Lillard, Radio Diaries / NPR

Tras la muerte de Paul Alexander de Texas en marzo de 2024 —hasta entonces el otro usuario conocido del aparato—, Martha quedó como la última persona en el país que aún dependía del iron lung de forma habitual.

COVID, confinamiento y 24 horas en el cilindro

Antes de la pandemia, Martha dormía en el pulmón de acero y vivía con relativa independencia: cocinaba y se cuidaba sola, según KFOR. Tenía menos del 25 % de capacidad pulmonar. El COVID-19 la infectó dos veces; los últimos cinco años no pudo salir de casa. En los dos últimos años estuvo en el iron lung casi 24 horas al día; en los últimos ocho meses, a tiempo completo, informa KFOR.

Las averías eran frecuentes. En los años 90 el aparato empezó a fallar; Martha llamó a hospitales y museos hasta comprar uno de segunda mano en Utah. Un temporal de hielo cortó la luz y el generador de emergencia no arrancó; tuvo que llamar al 911. El año pasado un tornado dejó sin electricidad su hogar y su marido hizo respiración boca a boca hasta que llegó la ayuda.

Piezas de los años 40 y ningún técnico

«Algunas piezas son de los chevys de los cuarenta, y son difíciles de localizar», dijo McVey a KFOR. Tenían un motor de repuesto, pero nadie que supiera instalarlo. Martha invitó a la televisión local precisamente porque necesitaba manos que entendieran la mecánica de un respirador de baja tecnología en un mundo que ya no lo fabrica —el último se produjo a finales de los años 60.

Murió ocho días después de esa entrevista. Por primera vez en 73 años, según KFOR, fue retirada del vacío y descansó fuera del pulmón de acero.

Legado: vacunas, memoria y una máquina obsoleta

La polio fue erradicada en EE. UU. en 1979, pero el síndrome postpolio y casos como el de Martha recuerdan lo que el virus dejó atrás. Ella misma se describía en su obituario como voluntaria de la Humane Society y amante de los beagles; escribía poemas y canciones.

KGOU, la emisora pública de Oklahoma, resume el contraste: un país que olvidó los iron lungs mientras una mujer en Shawnee seguía durmiendo cada noche —y al final cada hora— dentro de uno. Su historia, contada antes en NPR y ahora en portadas nacionales, cierra un capítulo de la medicina del siglo XX que la tecnología no supo sustituir del todo para quien lo eligió como único refugio para respirar.